domingo, 11 de mayo de 2014

Quiero... rutina

Quiero levantarme por las mañanas y tras apagar el despertador, darte los buenos días con un murmullo mientras comienzo a despertar. Qué tú me lo contestes mientras abres poco a poco los ojillos y sonríes mientras nos damos el primero beso del día. Ir al baño, ducharme, y cuando vuelva al cuarto a vestirme, que tengamos una pelea de cosquillas (¡déjame que tengo muchas y sabes que no me gusta que me hagas!) y almohadas, porque tú no me dejas vestirme y yo no te dejo que sigas durmiendo.

Ir a la cocina y comenzar a preparar el desayuno rápidamente (¡mierda no llego ya al metro de menos cuarto!), mientras te terminas de lavar los dientes y apareces con ese pantaloncito corto que tan loca me vuelve. Sentarnos a la mesa, y engullir las tostadas mientras tú te bebes el colacao riéndote de mi boca llena de mantequilla, pero tranquila que me vengaré dándote otro beso (¡para que vuelvas!).

Vuelvo al cuarto de baño, me lavo los dientes y me pinto mientras tú te vistes y me gritas yo no se qué de que hay partido esta noche (¿ha dicho champions o copa del rey?) y que la primera que vuelva meta dos pizzas en el horno para que se vayan haciendo en lo que llega la otra. Cojo todos los trastos, vuelvo al cuarto y te doy el beso de despedida, más largo e intenso, y corro al ascensor (¡joder que no llego, no llego!) para ir a las prácticas.

Pasa todo el día, primero las prácticas, luego las clases del máster, echándote de menos, hablando por whatsapp cada vez que podemos, si es que ni viviendo juntas nos hemos librado del enganche (mierda de móvil, sólo me queda un 10% de batería) y por fin llega la hora de volver a casa, contigo.... bueno vale y con Neymar Jr. (esto de compartirte no me termina de gustar, pero bueno).

Llego a casa y apareces de la cocina con una sonrisa, me das un beso mas largo e intenso que el despedida de esta mañana y estamos un rato abrazadas hasta que a regañadientes rompemos el abrazo, me pongo ropa más cómoda y vuelvo para ayudarte a poner la mesa. Cenamos mientras vemos el partido, siempre igual, yo echada hacia atrás en el sofá leyendo al mismo tiempo y tú con la camiseta del barça que te regalé, pegándole voces al árbitro porque ¡ESO NO ERA TARJETA, SE HA TIRADO!

Termina el partido, recogemos y nos vamos contando el día mientras trabajamos (¡¿Pero a mi que coño me importa lo que hizo este tío en 1923?!), hasta que una de las dos acaba y comienza a dar por saco a la otra para que termine antes o incluso pare y empecemos ya a darnos mimos, mimos que terminan en la habitación, desnudándonos la una a la otra, besándonos cada vez más apasionadamente hasta que llegamos a la cama, terminando de la mejor forma que conozco, y ya darnos las buenas noches y dormir abrazadas sintiendo tu cabeza en mi pecho y terminando otro día que es perfecto solo por estar juntas.

Quiero eso. Solo quiero eso, una rutina contigo, que solo se altere por un cine, una comida fuera, un viaje, o una salida con los amigos en vez de una las dos solas. Sonará cursi, ñoño, ridículo o incluso pretencioso, y sé que la convivencia cuesta, y que tendremos nuestros días malos y nuestros roces, pero ¿cuántas veces los hechos nos han dado la razón cuando hemos dicho que nos compenetramos? 

Sé que lo vamos a conseguir, sé que todo lo que hablamos cuando decidimos olvidar la distancia que nos separa y nos ponemos más cariñosas que de costumbre se va a cumplir, está claro que no importa que obstáculos se nos pongan por delante porque ya hemos tenido varios y sin embargo aquí estamos, igual de enamoradas que el primer día, y amándonos tanto como cualquier pareja que no lleva su relación a distancia, o incluso más.

Ya tengo ganas de que pasen los 38 días que quedan para vernos, y ahora mismo lo único que quiero es que no pase nada raro esos días y vayas a la estación a esperarme, que tu cara sea lo primero conocido que vea cuando vuelva, y darte ese beso de película que te prometí hace unos días.


Pero eso ya es otra historia.

Eres mi vida ¿lo sabías? Da igual que a veces me desesperes, desaparezcas sin decir nada, o te duermas en mitad de la mañana o de la tarde. Eres la luz de mis ojos, la única persona que consigue hacerme sonreír cuando otros lo han intentado ya y han fallado, y estar contigo es lo único que me mantiene en pie, lo que hace que saque fuerzas para mirar el calendario y no desesperarme, lo que hace que me levante de la cama y trabaje y estudie. Eres la única persona por la cual haría cualquier cosa sin pararme a pensar, la única por la que dejo todo lo que esté haciendo para devolverle la sonrisa si veo que tarda mucho en volver a aparecer en tus labios, la única con la que me veo en el futuro, compartiendo mi vida, juntas por fin.

No te preocupes si ves algo raro en mi cara, si notas que he estado llorando o que tengo los ojos húmedos, o si te das cuenta que tengo un tono de voz distinto, porque la mayoría de las veces es por ti sí, pero no por nada malo, sino porque te echo muchísimo de menos y en esos momentos lo que estoy haciendo es aguantarme las ganas de hacer la maletas y volver a tu lado, o porque he recordado algún momento en el que con tus palabras, tu cara o tu gestos me he sentido más especial o más querida que de costumbre.

Te amo con locura, y todos los días, pase lo que pase en ellos, aunque sean cosas malas, son perfectos solo por el hecho de despertar y saber que estás a mi lado, que tú despertarás y una de las primeras cosas que verás serán mis buenos días que espero que hagan que tu día tenga un buen comienzo, como tus buenos días hacen con el mío.

No lo olvides nunca, aunque algún día sea gris y necesitemos estar un rato sin hablar, aunque algún día a alguna de las dos o a las dos se nos haga cuesta arriba y estemos bajas de ánimo, o aunque algún día estemos ocupadas y no podamos invertir el mismo tiempo que de costumbre en la otra. La realidad es que te amo, que estaría infinitamente peor si no te tuviera a mi lado apoyándome, y que me paso las horas muertas imaginando como será nuestra vida en común.



Pero eso ya es otra historia.

Sonrisas Saladas

No sé si es porque la he visto hace poco o qué, pero la echo muchísimo de menos. He llegado a un punto en el que si no estoy hablando con ella me siento como vacía. No veo la hora de ir en Enero a verla, e incluso me estoy planteando seriamente ir antes porque cada vez aguanto menos la distancia.

Y es que no es para menos. El cambio que pegado gracias a ella es muy grande, y a veces me pregunto si de verdad se da cuenta de lo que ha significado para mí conocerla, de todo el bien que me hace, de lo que se me ilumina la cara cada vez que veo un mensaje suyo, un tweet, o si alguien me la menciona. 

Estar con los amigos y que te miren con cara de asco porque no eres capaz de decirle "hasta luego" y estar una horas sin hablar con ella. Comer a toda hostia para recoger la cocina rápidamente y volver a coger el móvil.  Estar a todas horas buscando wifi por Finlandia, Rusia, Estonia, Letonia y Lituania.

La amo muchísimo. No concibo ya la vida sin ella, sin sus buenos días y buenas noches, sin sus "te amo y eso" o sin sus "tengo hambre" cada cinco minutos. Llevo seis meses con ella y por mi que sea toda la vida.

Ella, ella y ella. No veo más allá. Estoy loca por ella y no veo yo cambio la verdad. Su sonrisa, sus ojos, sus tonterias, su carilla de enamorada, sus manos, su cuerpo.... Es perfecta para mi. 

Quien me lo iba a decir a mi, que dos meses antes de irme de Erasmus iba a encontrar a la mujer más especial de todas las que he conocido. Quizá porque la forma en que nos conocimos y enamoramos  también fue especial.


Pero eso ya es otra historia

jueves, 6 de febrero de 2014

T.O.C.

Sabéis lo que es el T.O.C.? Es el Trastorno Obsesivo Compulsivo. La definición (copiada de la wikipedia) es la siguiente: “es un trastorno de ansiedad caracterizado por pensamientos intrusivos, recurrentes y persistentes, que producen inquietud, aprensión, temor o preocupación, y conductas repetitivas, denominadas compulsiones dirigidas a reducir la ansiedad asociada”.

En mi caso, no tengo el T.O.C. desarrollado completamente, sino que presento características que se traducen en “manías” como las llama mi madre. Pero dentro de mi personalidad, la característica más gorda que presento es el control. Demasiado control.

Esto significa que en momento en que me encuentre en una situación donde hay tantas variables que no puedo suponerlas ni preverlas todas, me agobio y me pongo nerviosa. Se me encoge el estómago y cuando aparece una nueva, o algo que era rutina se transforma en variable, paso horas e incluso días desglosando qué ha pasado para poder volver a la rutina normal. Y eso pasa factura.

Pasa factura porque empiezas a fallar en cosas nimias. Pasa factura porque dejas pasar cosas importantes sin darte cuenta porque estás más ocupada en ver por qué cambias las cosas que en vivir esos cambios. Y pasa factura porque llega un momento en que cualquier cosa ya hace que le des vueltas a la cabeza. Y el problema es que no puedes parar. Y si te pasa como a mí, que tengo dos grandes cosas con las que hago malabares, te entra el miedo.

Miedo porque coordinas hasta el más mínimo detalle, lo cual se traduce en cabreo monumental como alguno de esos detalles, que en realidad no tienen importancia ninguna, falle. Miedo porque analizas todo, desde frases hasta tiempos, y no sabes si decir algo si encuentras alguna anomalía o callarte para no agobiar. Pero claro, a lo mejor no se considera agobio, a lo mejor se considera currar y preocuparse por alguien y si no lo haces tienes problemas. O lo mejor no. ¿Veis? Analizarlo TODO.

No todo el mundo está preparado o tiene paciencia para estar al lado de alguien que cada cierto tiempo siente la necesidad de hacer preguntas “raras” o cosas medio inverosímiles para sentirse segura y tranquila. Y el problema es que sabes que es cosa tuya, que tienes que intentar no ser así, no por cambiar ni nada, sino porque es una enfermedad y no puedes dejar que sea ella la que viva tu vida por ti.

Pero eso te plantea otra serie de preguntas, y de ellas, la que más me preocupa a mi es la pregunta de ¿Cuándo estás luchando contra el T.O.C. y no estás agobiando, y cuándo has cruzado la línea y la(s) persona(s) se quedan con la sensación de que no te preocupas por ella(s), que no te importa(n), que estás pasando de ella(s) o incluso que ya no sientes lo mismo por ella(s)?

Esa pregunta me da pavor, porque puedo perder muchas cosas importantes que tengo en mi vida si resulta que por no agobiar, cruzo la línea y hago entender eso. Como ya me ocurrió una vez.


Pero eso ya es otra historia

miércoles, 29 de enero de 2014

Libros

A veces me encantaría poder cerrar la puerta de mi cuarto, rodearme de libros y no salir nunca más. Perderme en esas historias que te transportan mil y un mundo imaginarios donde todo lo que pasa, sea bueno o malo, tiene explicación. Ya sea poco a poco mientras lees, o de repente en el último capítulo, no importa. Todo lo que hacen los personajes, y la trama en general tiene explicación.

Ya lo hacía de chica. Daba igual donde estuviera siempre iba un libro conmigo. Eran mis verdaderos amigos, por lo decir los únicos, aunque también es verdad que en ciertas edades no se puede hablar de amistad tal y como la entendemos cuando ya somos más mayores. Siempre me sacaban la sonrisa. Ni siquiera tenía que abrirlo porque el solo hecho de saber que me iba a zambullir entre sus páginas en los dos segundos siguientes ya hacía que me saltase la sonrisa los labios.

Me he dado cuenta hace un momento que ahora nada ha cambiado. Ya no tengo cinco años sino veintitrés, pero los libros me siguen absorbiendo de la misma manera. Me aíslan de todo lo que ocurre a mi alrededor, me hacen olvidarme de todo lo que me da dolor de cabeza y durante los instantes que leo no existe nada más, sólo paz y calma. Son capaces de hacer que me olvide de todo y de todos, de sentir que no importa nada ni nadie, que puedo desaparecer sin miedo del mundo. Y durante el intervalo de tiempo que dure la lectura, ya sean diez minutos o seis horas, me siento libre.

No importa que tenga ejercicios que hacer, apuntes que estudiar, trabajos que entregar o cosas que hacer por o para la casa. En cuanto cojo un libro la gente que me conoce sabe que no hay nada que hacer, que por mucho que me hablen comenzaré primero por preguntar ¿Perdona que decías? e ignorando terminaré.

No sé explicarlo simplemente me atrapan, no importa cual sea la historia que escondan, me atrapan y no me sueltan ni siquiera cuando los termino. Porque no sé otras personas, pero yo me quedo como vacía, como si me hubiesen arrancado algo de dentro y momentáneamente me horrorizo por qué no sé como continuar, o qué era lo que hacía antes de comenzar la lectura. Y por eso, automáticamente alargo la mano hacia la estantería para coger el siguiente.

Amo leer. No conozco una droga mejor para evadirme, para dejar todo atrás, para creer por un instante que no hay nada más allá del libro y yo. Para olvidar todo lo que tengo que hacer, las responsabilidades de las que me tengo que hacer cargo y los sucesos a los que dentro de poco voy a tener que enfrentar.

Pero eso ya es otra historia

viernes, 24 de enero de 2014

Miedos

Desde siempre he querido estudiar derecho. Desde que tengo uso de razón. Me imaginaba que caminaba orgullosa por los pasillos de los tribunales, saludando a los colegas de profesión, entrando en una sala de reuniones diciendo "¿Cómo lo tenemos hoy?" mientras me echaba un poco de café. Luego ir al despacho, repasar mis casos, respirar hondo e ir hacia la sala, irradiando más seguridad en mí misma que la que en realidad tendría para que la otra parte comenzase a ponerse nerviosa. Como en el poker.

Pero entonces comencé a tener conciencia de lo que se decía en las noticias. De que no siempre la justicia funciona. De que un buen abogado es aquel que consigue y hace lo mejor para su cliente sin importar los medios para conseguirlo. De que las normas que rigen este país están incompletas, algunas veces son incoherentes, y en algunos casos, hablando mal y pronto, son de risa. Y entonces empecé a pensar.

Siempre me imaginaba el mismo caso. Estar delante de un violador o de un asesino o de un maltratador y yo ser la abogada que defiende a la víctima. Currar lo indecible, dejarme la piel por conseguir que la justicia alivie aunque sea mínimamente el dolor que el acusado le ha causado. Exponer todas las pruebas y evidencias, y demostrar también con los alegatos de testigos y el propio acusado que lo que pido para mi cliente es lo justo, y convencer a toda la sala de que tienen que hacerme caso con los alegatos finales. Entonces el juez dicta sentencia fallando a favor de mi cliente y manda al acusado a la cárcel. Y entonces ¿Qué? 

Veinte años es el máximo que te puedes tirar en la cárcel. Y es muy raro que el juez te de la pena máxima. Luego, como en todo procedimiento de la rama de penal, existe una sanción pecuniaria, así como el abono monetario de daños y perjuicios. Y entonces el acusado se declara insolvente o no puede hacer frente, y ya tienes que exigir esa deuda por otro lado. Luego tendrá permisos, fines de semana, privilegios por buena conducta y con un poco de suerte, la condicional. Y ahí están todas las horas de trabajo invertidas. En que al final el acusado sumando todo pasa menos de la mitad de los años establecidos en la sentencia en la cárcel. 

De todos modos, quedo claro que esto que he escrito me lo imaginaba con 11-12 años, dista mucho de la realidad pero tampoco iba muy mal encaminada. Y sino, miremos el caso Filesa, caso Gescartera, caso Malaya, el caso Gürtel, caso Bárcenas o el caso Nóos. O también podemos leer esa ley que establecía que las menores podían abortar sin el consentimiento paterno. O remarcar la idea de que tenemos una Constitución que establece la aconfesionalidad del Estado y al mismo tiempo, un Concordato con la Santa Sede donde se le dan a la misma un larga lista de privilegios. O esas fantásticas noticias donde nos cuentan que un menor ha quemado a un mendigo pero como es menor no se le juzga como a un adulto, aunque lo que ha hecho deja patente que tenía plena conciencia de lo que estaba haciendo, como cualquier mayor de edad en pleno uso de sus facultades mentales.

Yo veo todo eso y digo ¿para eso voy a currar? Para eso voy a hacer hasta trabajo extra, para que la justicia se ría en mi cara y además de forma descarada? Voy a pegar puñetazos en la mesa por no conseguir lo justo mientras que los que pueden cambiarlo prefieren cerrar los ojos y los oídos y llenarse los bolsillos? Pero luego me paro a pensar y me doy cuenta de que estoy hecha para el derecho, que nací predestinada a estudiar derecho. Es lo que mejor se me da, es a lo que me quiero dedicar, no me veo haciendo otra cosa y es más, es que no sé hacer otra cosa. Así que es un círculo, un círculo que se pone en funcionamiento cuando veo algo nuevo en las noticias, y que vuelve a ralentizarse y a ocultarse cuando pasa la tormenta.

Hace un par de días tuve un bajón bastante gordo porque de nuevo ese círculo vicioso se puso en marcha. Y la verdad es que me entró el miedo. Es lo que he elegido, y sé que no siempre me reportará satisfacción personal, pero aunque a veces me deje vencer por la realidad, siempre consigo levantarme y seguir estudiando para terminar la carrera. Pero y quien esté a mi lado? Porque antes quería estar sola, pero a día de hoy, el solo pensar en la pequeña posibilidad de no tener un futuro juntas me produce dolor físico. Entonces, y si llego todos los días amargada a casa y mi chica, cuando vea mi cara, borre esa preciosa sonrisa que tiene de su rostro, se gire y no intente ni siquiera animarme porque sabe que es inútil? Y si en vez de conseguir que sea feliz a mi lado la hago infeliz y desgraciada? Y si al final todo lo que nos unió, todo lo que le aporto no es suficiente y prefiere continuar su vida sin mí a su lado?

Esas preguntas me atormentan sí. Por mucho que se diga "el amor lo puede todo" llega un punto en que cualquier persona dice "hasta aquí" y además con todo el derecho y la razón del mundo, aunque siga amando a la persona que tiene a su lado. Y tengo miedo, muchísimo miedo de que eso pase y que aunque ahora le de vueltas, cuando llegue el momento no sea capaz de verlo. Esta es una de las razones por las que le tengo pánico a acabar la carrera y trabajar en el mundo del derecho, aunque es verdad que también le tengo pánico a crecer, a ser adulta, y a tener que asumir todas las responsabilidades que derivan de tener trabajo o casa propia. 

Pero eso ya es otra historia.

lunes, 20 de enero de 2014

T+P+M+S

Hoy he estado mirando antiguos documentos que guardo en mi ordenador y me he encontrado ocho entradas que publiqué en tuenti, en aquellos tiempos en los que ya iba tomando constancia de que necesitaba desahogarme no en una hoja de papel o en un documento word, sino publicándolo en algún lado para sentir que de alguna manera toda esa "mierda" la había expulsado durante unos instantes fuera de mí.

Estas ocho entradas las publiqué desde el 18 de abril de 2013 al 11 de mayo del mismo año y todas tienen exactamente la misma extensión: siete líneas. Siete líneas en las que no decía nada y lo decía absolutamente todo. Siete líneas que siempre escribía cuando me iba a dar mi paseo nocturno diario, en los que siempre hacía lo mismo: seleccionaba la lista de las canciones de la serie Skins, le daba al play y echaba andar mientras me consumía al mismo ritmo que los diez cigarros de media que me fumaba en las dos horas que solía durar el paseo. Menuda época.

Recuerdo que esta vez la gente sí que se dio cuenta de que algo andaba mal, de que por una vez no fingía ni me molestaba en ocultarlo. Recuerdo que llegue a un nivel de pasotismo extremo, que hasta yo estaba sorprendida de aguantar el ritmo, ya que pasé todos esos días entre hambre, insomnio, vodka y tabaco. Pero también recuerdo que aunque fue una medida muy fuerte, valió la pena, porque me hundí todo lo posible y cuando llegó el momento de volver a la superficie, salí del agujero siendo alguien completamente nuevo y con fuerza suficiente como para querer saber que era lo siguiente que me iba a pasar, si iba a ser bueno o malo, o si iba a tener una de esas temporadas “de relax”.
En fin estas son las ocho entradas:

1-
Poco, muy poco, casi nada, es decir, suficiente. Bueno no, genial. Casi perfecto de no ser por lo último. Incluso, ahora que lo pienso, se podría también suprimir lo anterior y también estaría bien. Y de repente, una explosión. Mucho. Muchísimo. Demasiado. Agobiante. Pero tranquilidad. Poco a poco. No hay que tirar el "progreso" a la basura. No hay que fastidiarlo. Sólo....... fuma. Fuma y todo estará bien. Fuma y todo será fantástico. Fuma y por fin, todo será perfecto. Y pasea también. Ya sabes con que música, y sabes por dónde, sabes en que sitios no te encuentran. Y sobre todo, Skins. Que no se te olvide Skins.

2-
Un traspiés, un suspiro. Un pensamiento y una conversación que ayuda. Una nueva vía de escape convertida en persona. Un nuevo sitio donde no me encontrarán, más cerca de los que se imaginan. Molestia y sueño. Pensamientos que bailan sin ton ni son y que no aclaran nada, pero que dicen demasiado, que gritan demasiado. Un comienzo hacia ninguna parte. Pero aún con todo, seguimos con la misma fórmula. Porque sé aunque no lo reconozca que funciona. Porque en el fondo sé que es la única solución. Tabaco + Paseos + Música + Skins. Porque aunque duela o canse, sé que es lo mejor.

3-
Demasiados frentes abiertos. Te succionan toda la energía y cada vez que abres uno sientes que no te vas a volver a recuperar. Pero hay que conseguirlo. Como sea. Cuando sea. Ya queda poco. No hay que estropearlo. Y mantén la calma. No lo intentes. No sirve para nada, y lo único que se consigue es un paso atrás. Además no vale la pena. Lo sabes, lo entiendes y lo aceptas. Pero queda asumirlo. Y sabes cómo, cuándo, con qué y donde. Y por supuesto sabes el por qué de todo esto, por qué lo haces. Sabes porque hay que aguantar. En definitiva, sabes por qué luchas en tantos frentes abiertos. Y como siempre, recuerda: T+P+M+S.

4-
Dos días. Pensar. Dormir. Curarse. Olvidar. Repaso de todo. Cansancio. Lágrimas. Rabia. Calma. Skins. Alivio. Y sobre todo, progreso. Pequeñas cosas que no ocurrirán si no se cometen más fallos. Pequeñas cosas que pueden pasar, que no son del todo inevitables. Dudas. Abrir los ojos y asimilarlo. Te hace enfermar. Poco a poco. Lentamente. Pero lo vale. Todo tiene un precio y sabes que es necesario. Asique, simplemente, le das al play. Lo miras. Prometes bajar el ritmo. Lo vuelves a mirar. Suspiras, y al final, como siempre, lo enciendes. Aspiras. Abres los ojos. Sonríes. Echas a andar.

5-
Temor. Alivio. Sonríes. El lunes ha sido peor, pero lo has hecho bien. Y has superado la prueba. En el fondo sabías que lo conseguirías. Porque te conoces. Aunque los demás crean que te conocen mejor. No tienen ni idea. Y nunca la tendrán. Aunque alguien si está enterado. Pero no importa. Porque sabes que no lo dirá. Porque sabe que es algo que tienes que pasar sola. Pero ten cuidado. Son nueve días en los que pueden salir muchas cosas mal. Pero puedes hacerlo. ¿Y sabes por qué? Te contaré un secreto: T+P+M+S. Y no pienses en ello. Aunque te quedes sin respiración. Aunque te despiertes llorando.

6-
Un resbalón. Un paso atrás de nuevo. Lágrimas derramadas. Sueño y cansancio. Preocupación. Molestia. Quieres hacerlo. Quieres hacer caso y bajar el ritmo. Pero no puedes. Porque el espectáculo debe continuar. Siempre. Por encima de todo y de todos. Por encima de lo que sientas. Porque sabes que si no continúa te hundirás. Porque sabes que si no continúa te romperás. Y no te lo puedes permitir. No a tan poco de la meta. Aunque aún quede lo peor. Aunque estas noches sólo hayan sido un aviso. Sigue. No lo olvides. T+P+M+S. Sólo con eso podrás lograrlo.

7-
Miedo. Terror. Sangre. Gritos e histeria. Un poco de alivio. Un paseo. Un juego y risas. Aléjate. Poco a poco. Tienes controlado un frente. Te quedan cuatro. Y no te queda mucho tiempo. Te agotas. Porque te estás consumiendo. Hay que darse prisa. Pero sin llamar la atención. Has dado un paso que ha neutralizado uno de los frentes. Pero eso no significa que lo hayas controlado. Al contrario. Pero no tiene mucha importancia. Porque, sencillamente, T+P+M+S. Camina. Corre. Huye. Y sobre todo, no mires atrás. Porque el espectáculo debe continuar.

8-
Perderse. Perderse y no volver nunca. Aunque los vuelvas locos. Aunque se preocupen. Abres los ojos. Miras a tu alrededor. Te sientes sola. Perdida. Sin ayuda. Empiezas a pensar. Empiezas a darle vueltas. Una bien y cinco mal. Frunces el ceño. Te cabrea. Corres en busca de la solución. Te paras repentinamente. La tienes delante. Se como ellos. Piensa solo en ti. Haz lo que quieras sin pensar en las consecuencias. Ni se darán cuenta. Porque están tan metidos en sus cosas que ni se darán cuenta de que tú también cambias poco a poco. Y sabes de qué forma hacerlo: T+P+M+S.

Bueno pues esas son las ocho entradas. Creí que no recordaría a que me refería en cada una (porque cada una, aunque no pueda apreciarse, trata de un tema distinto), pero tristemente, toda yo los recuerda, aunque de una manera difusa. Es curioso que sea hoy el día que haya elegido para hacer limpia en el ordenador, ya que hoy es un día que en su momento también fue clave para varias cosas.

Pero eso ya es otra historia